Colombia Solar, del subsidio a la autonomía

La reciente reglamentación del programa Colombia Solar, mediante la Resolución 40159 de 2026, marca un hito estructural en la política energética del país. Como analista del sector, observo que el Gobierno busca dar un giro de 180 grados al pasar de subsidiar el consumo eléctrico a financiar la autogeneración en los hogares de estratos 1, 2 y 3, y en los pequeños negocios de la «economía popular».

Sin embargo, el camino hacia una transición energética justa está sembrado tanto de promesas como de obstáculos técnicos y climáticos que no se pueden ignorar.

El aspecto más ambicioso de esta regulación es la democratización de la energía. Para los pequeños comercios, como tiendas de barrio, el programa ofrece un incentivo de hasta el 60% del costo del sistema solar (con un tope de $20 millones), permitiéndoles reducir significativamente sus facturas.

Desde la perspectiva macroeconómica, el programa busca aliviar la carga fiscal del Fondo de Solidaridad para Subsidios y Redistribución de Ingresos, al convertir el subsidio en capacidad instalada propia, en ese orden, el Estado reduce su dependencia de transferencias permanentes, mientras garantiza la sostenibilidad de los sistemas por un horizonte de hasta 25 años mediante esquemas definidos de operación y mantenimiento.

De otro lado, si bien hay optimismo este debe ser moderado por la realidad.
Actualmente, nuestro país enfrenta retos críticos que han provocado que, en los últimos cinco años, la tasa de entrada real de proyectos de energía renovable no supere el 28% de la capacidad esperada.

Los principales obstáculos se dan por retrasos en licencias ambientales, consultas previas y alta conflictividad territorial; con serias limitaciones en la capacidad de las redes y retrasos en las obras de transmisión eléctrica necesarias para transportar la energía.

En la región caribe es alarmante que comunidades en el Cesar o La Guajira vivan junto a grandes parques solares pero sigan pagando facturas de hasta $800,000, debido a que la energía se inyecta a la red nacional y no beneficia directamente a los locales por falta de subestaciones cercanas.

La preocupación que nos aqueja en el sector y más inmediata, es la posible llegada del fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026. Andeg ya ha solicitado coordinación urgente para evitar el desabastecimiento. En escenarios previos de El Niño, la generación térmica ha tenido que cubrir hasta el 58% de la demanda diaria para evitar apagones.

Si los proyectos de Colombia Solar y otras fuentes renovables no entran en operación a tiempo debido a los retrasos mencionados, el país quedará peligrosamente dependiente de los combustibles fósiles y de una infraestructura térmica que requiere asegurar suministros constantes de gas y carbón.

Colombia Solar es una apuesta valiente por la autonomía energética, que debe alinearse con los problemas de transmisión y los trámites ambientales, en un sistema que aún no logra conectar la generación con la equidad social.

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